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Conmemoración de los 25 años del martirio de Aguchita

Las Congregación del Buen Pastor Perú tiene la dicha de invitarlos a la conmeración del 25 años del martirio de la Hna. María Agustina Rivas López. 27 de Septiembre - La Recoleta - Plaza Francia / 3:30 p.m

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Conmemoración de los 25 años del martirio de Aguchita
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LES INVITAMOS A VISITAS NUESTRO ENLACE ESPECIAL DE AGUCHITA 25 AÑOS DE SU MARTIRIO

http://www.buenpastorperu.pe/aguchita2015.html

la Niñita María se la llevó al cielo!! ADELA FLAVIA VIZCARDO HURTADO

Este es el misterio de la vida y de la vida verdadera!

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la Niñita María se la llevó al cielo!! ADELA FLAVIA VIZCARDO HURTADO
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Este es el misterio de la vida y de la vida verdadera! 

Nuestra ADELA FLAVIA VIZCARDO HURTADO,  se fue a la Patria Definitiva, hoy día 9 de septiembre a las 4.30 pm. 

MAÑANA 10, EUCARISTÍA A LAS 12 M.

VIERNES 11, EUCARISTÍA A LAS 9.00 AM . SEGUIDAMENTE SERÁN LOS FUNERALES. 

Gracias por acompañarnos, 

Comunidad “Santa María Eufrasia”

¡MARTIRES! PROMESA DE VIDA Y FUTURO

CON MUCHO CARIÑO, UNA REFLEXION QUE NOS UNE EN La Red de Oración ONG del mes de Septiembre de 2015

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¡MARTIRES! PROMESA DE VIDA Y FUTURO
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Queridas hermanas y partners en la misión,
 
Saludo cordial para cada una/o.
 
CON MUCHO CARIÑO, UNA REFLEXION QUE NOS UNE EN La Red de Oración ONG del mes de Septiembre de 2015: Red de Oración Septiembre 2015- 25° Aniversario de la Hermana Aguchita”
 
Pueden también encontrar la oración en el siguiente enlace:
 

Celebración de la Niña María

Nos complacemos en invitar a esta celebración de la Niña María

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Celebración de la Niña María
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Fiesta de la Niña María 2015 

AGUCHITA, ¿CONMEMORACIÓN O AGUIJÓN PARA NUESTRO CAMINAR?

“… pasó su vida haciendo el bien”
He 10,38

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AGUCHITA, ¿CONMEMORACIÓN O AGUIJÓN PARA NUESTRO CAMINAR?
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PRESENTACIÓN:

En el CAMINO ESPIRITUAL CON AGUCHITA, ponemos en sus manos la Ref. Teo N°2 AG+25.

Agradecemos profundamente la generosidad de Hna. Evelin Bloch, osb. Ella nos ofrece un itinerario contemplativo y a la vez desafiante, plasmando en esta reflexión toda su espiritualidad e intuición, adentrándose desde allí en el corazón y misión de Aguchita.

Es un imperativo y aguijón que nos conduce hacia nuestro Pastor. Él nos sostendrá y energizará. Su gracia es suficiente para nosotras/os, como lo fue para Aguchita.

 

MEMORIAL, FERMENTO Y AGUIJÓN

No conocí personalmente a la hermana Aguchita, como se la llamaba, pero sí, tengo la memoria muy viva del anuncio de su asesinato, el 27 de septiembre del año 1990, junto con cinco pobladores del pueblito “La Florida” (vicariato de San Ramón) donde ella había escogido vivir sencilla y solidariamente en medio de un pueblo pobre en una zona de emergencia. Todos los testimonios de entonces hablaban de una mujer sencilla, nativa de un pueblo sencillo de Ayacucho. Mujer quién asumió con gozo, alegría y valentía terca, hasta el final de su vida, tareas y servicios sencillos brindados tanto a la gente, especialmente a las mujeres, como a su congregación, encarnando de esta manera su discipulado del Buen Pastor. Su vida, nadie se la quitó. La había entregado ya, de todo corazón, derramándola gota a gota mucho antes de este 27 de septiembre.

Este modesto texto no pretende volcarnos hacia 25 años atrás, como para hacer sólo memoria de la vida de una hermana muy entrañable, más bien, a la manera de un memorial, fermento y aguijón que dinamiza nuestro hoy, nos detendremos sobre algunos SIGNOS del Reino que la hermana Aguchita supo encarnar dejándonos algunas huellas discretas para seguir caminando. ¿Acaso, no sería esta la “misión eterna” de los “humildes santos del pueblo” estén o no elevados a la gloria de los altares?

SIGNO Y SEMILLA DEL REINO

Empezaré por el SIGNO de la ALEGRÍA, que nos hace patente, de manera indiscutible, un auténtico discipulado de Jesús. Se trata de vivir sembrando el gozo, la alegría del Evangelio por el testimonio de una vida feliz que contagia felicidad.

Más eficaz que muchos discursos, homilías o catequesis, la felicidad vivida en los quehaceres cotidianos y humildes nos desvela, si vivimos atentos y disponibles, la misteriosa presencia divina que lo invade todo. Y eso vale más que todos los tesoros del mundo, incluso nos capacita para “venderlo todo” (Mt13, 44) y entrar en la dinámica del discipulado.

Pero esta alegría del evangelio no es como rocío matutino que se evapora apenas sale el sol, o como fuego de paja; más bien nos permite atravesar las dificultades. El signo de la alegría es tan importante para los seguidores de Jesús que debe poder manifestarse incluso en medio de los peligros y tempestades de la vida. Jesús hace de esta alegría en las persecuciones una bienaventuranza (Mt5, 11-12) y nos asegura que nadie y nada nos la podrá arrebatar (Jn16, 22). No se trata de una alegría barata o romántica, es exigente y costosa. No se compagina ni con la injusticia, ni con la mediocridad. La huella de alegría que nos dejó Aguchita le costó la vida por su incansable, aun discreto, compromiso para que haya más justicia y paz donde vivía.

Hay un segundo signo del Reino sobre el cual me detendré porque la hermana Aguchita nos lo dejó como huella “segura” para no extraviarnos en nuestra búsqueda de Dios, el SIGNO de la SENCILLEZ y SIMPLICIDAD de vida. Lo cotidiano simple, humilde que nos hace profundamente solidarios con lo humano, es también el espacio privilegiado de la CONTEMPLACIÓN, como búsqueda de la huella divina en los encuentros, en los acontecimientos y en los múltiples quehaceres de cada día. Este signo de simplicidad favorece y nos hace disponibles para la ADMIRACIÓN que desemboca en la alabanza. El Reino de Dios está manifiesto en las cosas pequeñas, sólo perceptibles a la gente sencilla dispuesta  a dar gracias, y a cantar cada día las maravillas de Dios como los pastores quienes, al descubrir al niño Jesús en un pesebre, se maravillan e intuyen en lo más hondo de su ser despreciado que algo nuevo está naciendo. El Dios de Jesucristo que optó por la simplicidad nos invita a valorar, cuidar y regresar constantemente a la sencillez en nuestras vidas. Verdadero trabajo de continua conversión. Aguchita la conservó cuidadosamente aun cuando su compromiso como hermana del Buen Pastor la llevó a vivir en Lima, no le subió el humo a la cabeza, más bien alimentó toda su vida un gran deseo de poder encarnar su discipulado en una zona más pobre de la selva. Y cuando su deseo se realizó, vivió esta nueva y última misión, según sus propias palabras, como un “gusto” que le regalaba su Señor, una “delicadeza” de su Amado en su vejez. ¡Dichosos los corazones sencillos capaces de “ver” y reconocer a Dios a la vuelta del camino!

 

Terminaré con un último signo del Reino, el SIGNO de la FE  ORANTE. Esta fe que nos permite ver más allá de lo visible. Qué importante hoy, poder vivir como resucitados, buscando las cosas de arriba, soltando lo que nos tapa el horizonte, apostando por la vida aun en medio de situaciones de “muerte”. Esta fe nos ancla en el Señor, fuente de nuestro SER, de nuestras vidas, de nuestros compromisos.

La FE ORANTE es la marca de los “Amigos” de Dios que viven a la vez la intimidad indispensable con el Señor y en ella escuchan la llamada al servicio de los hermanos y hermanas en humanidad, especialmente los más pobres. Pero esta fe orante es también, creo, el instrumento de este lento proceso de CONFIGURACIÓN DIVINA cuyo fruto podemos saborear en la vida de Aguchita.

Al familiarizarme con esta vida, me impactó estos SIGNOS de la ALEGRÍA, de la SENCILLEZ y de la FE ORANTE, quizás simplemente porque encontraron eco en mi propia vida. Caminando seguiremos desvelando en ella y en otros “santos y santas del pueblo” otras huellas que nos animarán a seguir los caminos del discipulado de Cristo.

¿Somos hoy SIGNOS de alegría, sencillez y fe orante?

¿Qué es lo que oscurece el SIGNO de nuestra vida?

 

 

 

¡GRACIAS!

 

GRACIAS Aguchita, por lo que sigues produciendo HOY en nuestro caminar de discípulas y discípulos del Señor, sólo queda unir nuestra oración a la de Cristo,

“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos”.  Lc 10, 21

 

                                                                                        Evelin Bloch,  osb

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Memoria y meditación: una reflexión personal

Clare Nolan, septiembre 2015

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Memoria y meditación: una reflexión personal
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 Aniversario 25 de hermana

    María Agustina Rivas, rbp – Mártir

 

El 27 de septiembre conmemoramos el 25 aniversario del martirio de nuestra Hermana María Agustina Rivas López, asesinada por el grupo terrorista Sendero Luminoso, en la Florida, Selva Central de Perú.

¿Quién fue “Aguchita”, como la llamamos cariñosamente? Nació un 13 de Junio de 1920, en Coracora, Ayacucho. Sus padres los esposos Dámaso Rivas y Modesta López. Es en este hogar ayacuchano donde interioriza el valor de la justicia solidaria y aprende las virtudes cristianas, junto a sus diez hermanos.

En 1942, decide entrar a la Congregación del Buen Pastor. El 8 de febrero, hace su primera profesión. Desde entonces, vivió con fidelidad inquebrantable su compromiso con la Persona y la misión de Jesús Buen Pastor. Vivenció plenamente el carisma de misericordia en su vida comunitaria y apostólica.

De 1970 a 1975 acompañó a las Hermanas Contemplativas. Agustina fue para ellas una excelente y abnegada enfermera, un apoyo, un recurso frecuente y fraterno.

Luego, en su contacto con jóvenes y niñas en el apostolado, se dio con su habitual abnegación; ellas como todas las personas que compartieron con ella, la encontraron sencilla, alegre y llena de bondad.

En 1986 forma parte de la comunidad del Noviciado. Su testimonio de vida fue un factor importante en la formación de las jóvenes.

Llegamos a la última etapa de su vida, la que puso en evidencia toda su riqueza personal y su opción por los pobres, en su Misión en La Florida - Vicariato de San Ramón.

 La Congregación había asumido allí un Proyecto de Promoción de la Mujer dirigido a la joven y mujer campesinas y de las zonas nativas, las más pobres del valle.

La situación fue tornándose muy difícil debido a la presencia de grupos subversivos en el valle de Yurinaqui. Permanecer allí era para la Congregación un fuerte desafío, con dos alternativas: o abandonar el rebaño, o ponerse en riesgo constante de "dar la vida" por Él. Las hermanas optaron por lo segundo. Aguchita, pese a su salud quebrantada, siguió fiel a su opción, en absoluta coherencia.

Hasta que el 27 de setiembre de 1990 el Buen Pastor le hizo su último llamado, le dio el privilegio de ofrendar su vida, junto al rebaño. Fue asesinada por Sendero Luminoso, junto a 6 personas del lugar.

Tenemos en ella una santa mártir. Aguchita nos mostró el Evangelio durante su vida, a partir de su muerte nos sigue evangelizando con la fuerza radical de las bienaventuranzas.

Hoy, le pedimos nos ayude a entender lo que significa ser artesanos de paz con justicia en nuestro Perú y el mundo y a tomar conciencia del alcance de nuestra entrega "hasta la muerte".

Como una manera orante y celebrativa les ofrecemos la reflexión de Hna. Clare Nolan, agradeciendo profundamente su visión profética, para hacernos escuchar la voz de Aguchita, hoy.

 

Memoria y Meditación: Una Reflexión Personal

                                                                       Clare Nolan, septiembre 2015 

 

AGUSTINA RIVAS ¡PRESENTE!

 

Hace veinticinco años, en medio de la violencia y agitación política en Perú que duró 20 años, nuestras comunidades del Buen Pastor absorbieron la muerte violenta de una de nuestras hermanas.   

Agustina Rivas, conocida como Aguchita, fue asesinada por un grupo terrorista inhumano. La asesinaron en su pueblo de misión, La Florida, y fue una de seis pobladores que fueron asesinados ese día. Estas seis personas, asesinadas en septiembre de 1990, estaban entre las aproximadamente 70.000 víctimas en el período 1980 – 2000.[1]

Aunque yo no conocía a Aguchita y sabía poco de Perú en ese tiempo, estos eventos fueron para mí una ventana a las realidades internacionales, tales como las injusticias de la economía global, los indiscriminados e irracionales ataques del terrorismo, y los vínculos internacionales dentro de mi propia congregación religiosa.

 

Cuando rememoro mis propias reacciones, surgen hechos particulares que continúan como fuentes de reflexión:

            Aguchita tenía 70 años de edad, no era activista política sino una simple misionera que ejercía su apostolado en una zona selvática pobre enseñando a cocinar, a hacer dulces, promoviendo dignidad para las niñas y mujeres.  ¿Es esta la lección…que vivir con los pobres es un acto político? Esta fue una elección que Aguchita hizo. Poco antes del asesinato, ella estuvo en Lima; allá fue animada a quedarse en las relativas comodidades de la ciudad pues unos procedimientos médicos estaban demorando. Ella optó por trabajar mientras esperaba; regresó a La Florida, consciente del peligro que flotaba en el aire.

 

Más adelante, supe que la persona que disparó el rifle que la mató tenía 17 años de edad. Este hecho no sale de mi mente, sigue ahí. Su apostolado era con y por la gente joven.  Especulando un poco, me pregunto “qué habría pasado si” esa joven hubiera tenido a alguien que le enseñara o desarrollara su capacidad para hacer dulces o algo adecuado a su edad, en lugar de alguien que le hubiera puesto un rifle en las manos.No hay una ecuación simple que dé como resultado culpable o inocente; todos suplicamos la misericordia de Dios.

 

En ese tiempo había una dinámica perversa en la esfera económica internacional, la cual era un catalizador de los dos extremos, el gobierno corrupto y el terrorismo fanático. Mi propio país, de una influencia dominante, tenía una complicidad culposa para la violencia en toda Latinoamérica. Como una “inocente” espectadora transeúnte, yo podía sentir de modo personal el dedo acusador. Sin embargo, ahora cuando leo el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, veo a los peruanos, plenamente conscientes de la política internacional, haciendo un giro hacia un autoexamen de sus asuntos internos crónicos de desigualdad y racismo a nivel nacional. Es una introspección para escudriñar todos los ángulos de responsabilidad. Esto parece una acumulación conjunta de energía para imaginar y actuar en busca del tipo de sociedad que las personas quisieran crear, en busca de quiénes quisieran ser.  Parece enteramente apropiado, en nuestro clima global de 2015, que todos podamos seguir el ejemplo; si estamos preocupados por el deterioro ecológico, por las campañas de violencia, ataques de racismo, es apropiado que uno se pregunte a sí mismo “¿cuál es mi parte?” y que examine su propia cultura y su complicidad para tomar medidas conducentes a la transformación tanto personal como política.

 

En el 10º aniversario de la muerte de Aguchita tuve la oportunidadde hablar, en Lima, con una hermana que había vivido con Aguchita en el tiempo del asesinato.  Hermana anciana y amorosa ella también, habló del proceso que ella misma por su parte tuvo que atravesar parasalirdel trauma.Describió un proceso largo y muy humano. Recuerdo claramente sus palabras “perdonar no es cosa fácil”, y comprendo que su crecimiento y su reconciliación espiritual no fueron moldeados en futilidadesreligiosas ni en un rechazo despectivo sino en la cruda realidad de la condición humana diaria que exige una relación profunda y profundizadora entre todos nosotros.

           

Estuve en Lima el año pasado para un breve taller con la comunidad del Buen Pastor y sus socias/os de misión. En diversos debates acerca del viaje espiritual de la justicia,pude ver que había una conciencia aguda y personal de lo que requiere la justicia. Me sorprendí de experimentar lo cerca que siguen con cada una el dolor y el sufrimiento de los que habían soportado los pasados años de violencia y represión – tantas contaron una historia de dolor, una historia desgarradora. Estas personas están ahora en este apostolado, tendiendo la mano en diferentes ramas profesionales, con solidaridad y compasión para con las mujeres en pobreza, con las niñas vulnerables a la trata y tráfico, con familias necesitadas de apoyo... 

He visto claramente en este grupo de personas que en verdad, con un buen corazón, con fe y firmeza,con un cuidado mutuo,la violencia puede ser transformada en misericordia para con otras personas, muy a la manera de Dios que sale a nuestro encuentro con las manos extendidas.

 

Después de estos 25 años, veo la violencia de ese tiempo en Perú ahora multiplicada y magnificada a lo largo y ancho de todo nuestro mundo. Si hay monumentos conmemorativos para las víctimas, si hay clamores de santidad para los mártires, ruego que estén conectados firmemente con aquellas personas que están sufriendo hoy. Que ellos inspiren a quienes están en nuestros programas de apostolado soportando el terror, la violencia, el miedo y desenlaces desconocidoscomo consecuencia de  seguir el evangelio.Las hermanas del Buen Pastor y sus asociadas, para mencionar sólo algunos de los lugares, están viviendo en aldeas bombardeadas de Siria,caminando por aldeas devastadas por el terremoto en Nepal,sosteniendo la educación de las niñas en distritos expuestos al crimen en Colombia, hablándoles fuerte en favor de los derechos humanos de los niños a corruptos gobiernos africanos.

 

¿Podemos enviarles la memoria de Aguchita a ellos como una señal de fortaleza, de resistencia y de simplicidad en el apostolado?¿Y podemos reconocer la santidad en ellos y en cada uno de nosotros que padecemos y retenemos la capacidad de amar en lugares donde parece que el mundo ha olvidado el modo de ser humano– incluidos los lugares poderosos y ricos donde “las ganancias” y “el progreso” degradan y hacen escarnio de la dignidad humana? Si la memoria de Aguchita vale algo, que sea como un modelo de persona que “fue inspirada por el evangelio para responder a las necesidades de su tiempo, tanto las necesidades que todo el mundo reconocía como también las necesidades que eran pasadas por alto por casi todos los otros.”[2]

 

Que su memoria, después del Capítulo de la Congregación del Buen Pastor en junio de 2015, sea una energía del Espíritu que nos sostenga a cada una de nosotras cuando “nos arriesguemos por la misión.” [3]

 

 

¡MARTIRES! PROMESA DE VIDA Y FUTURO

 

(SALMO 4)

 

 

¿Cuántos, Señor, han perdido la fe de que todos unidos

Podemos convertir esta Tierra en un lugar habitable?

¿Cuántos Señor han dejado en el camino su aliento y su vida?

La utopía parece solo eso, algo inalcanzable

y no lo que se construye en el día a día, creando futuro juntos.

 

Hemos soñado, hemos mostrado una infinita solidaridad...

y ahora parece que no queda nada.

Pero la realidad es obstinada como su misteriosa cercanía.

 

Los mártires no han dado su sangre para que se coagule en el olvido y la desesperanza.

¡Esos santos están vivos! y tienen nombres y apellidos de campesinos,

obispos, estudiantes, sacerdotes, sindicalistas, amas de casa, Religiosas…

Cada uno con una fecha que es promesa de vida y futuro.

 

Tú Señor has tenido que darles mucho amor, tanto amor

que han regado los surcos de nuestra tierra, abonándolos con su entrega.

 

Cuando cierro los párpados y los recuerdo, contemplo un millón de rostros

y, a la vez, uno solo, ellos en Ti, Tú en ellos;

Y solo entonces mi corazón vuelve a renovarse con la savia nueva de la fe en la montaña

Y doy saltos de alegría como exprimiendo las uvas del gozo,

Sintiéndonos tranquilos en su compañía, que es como decir... ¡Tu Presencia!



[1]New York Times, agosto de 2003

[2]Cita de Robert Ellsbergen su artículo sobre la posible canonización de una laica estadounidense,Dorothy Day,en el CatholicWorker, mayo de 2015

[3]30ªDeclaración de Orientaciones del Capítulo de la Congregación, Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, 2015

25° años del Martirio de nuestra Hna. María Agustina Rivas

Las hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en Perú, participa de la Eucaristía.

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25° años del Martirio de nuestra Hna. María Agustina Rivas
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 “Quiero consumir en la obra de mi apostolado 

todas las reservas de mi corazón, de mis facultades:

Quiero ese desgaste del cirio que ilumina y disminuye”

Ma. Agustina Rivas rbp

 

Premio 2015 “SEMBRANDO VALORES”

El 25 de Abril del presente Año, el Colegio “Santa María Eufrasia” Lima-Perú, ha sido reconocido a nivel nacional POR LA SOCIEDAD CIVIL “SEMBRANDO VALORES” con el Premio 2015.

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Premio 2015 “SEMBRANDO VALORES”
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El 25 de Abril del presente Año, el Colegio “Santa María Eufrasia” Lima-Perú, ha sido reconocido a nivel nacional POR LA SOCIEDAD CIVIL “SEMBRANDO VALORES” con el Premio 2015. El diploma dice: “Por sus valores institucionales, innovación, excelencia y responsabilidad social en el apoyo al Programa ´Sembrando una Cultura de Paz´, contribuyendo así al fortalecimiento del desarrollo y bienestar de la sociedad peruana.”
Este reconocimiento fue entregado en el marco de una cena de gala, recibiendo en el podio el trofeo, un diploma y la medalla institucional…(compartimos algunas fotos)
Esta distinción nos estimula, a religiosas, a todo el Personal, Padres de Familia y a las mismas jóvenes y niñas, a seguir poniendo nuestra energía en el esfuerzo cotidiano de crecer en valores que es nuestra misión

ENCUENTRO DE REFLEXION Y COMPROMISO CON LA JUSTICIA

Provincia de Perú

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ENCUENTRO DE REFLEXION Y COMPROMISO CON LA JUSTICIA
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La acción en favor de la justicia y la participación en la

transformación del mundo se nos presenta claramente como una

dimensión constitutiva del anuncio del Evangelio.



El mes de Abril se desarrolla bajo el signo de la ESPIRITUALIDAD y la JUSTICIA, desde la mirada del Buen Pastor, con el corazón de Santa María Eufrasia.  

Para unirnos en la búsqueda y deseos de la PAZ CON JUSTICIA, hemos tenido la bendición de contar con la presencia de Hermana Clare Nolan (Clarita, para nosotras), en un taller sobre Justicia y Espiritualidad para la Misión. Contamos también con la presencia de Hna. Martha Iris López, ambas del Equipo de la OIJPBP.

Con una misión común, Colaboradores y Hermanas, 41 participantes, hemos bebido de la misma fuente, desde una mirada nueva al sentido de la espiritualidad y la Justicia en nuestras vidas y en la misión.

La profunda reflexión y mensaje de Clare son siempre una provocación a mirar nuestro interior, asumir la espiritualidad como lo sagrado que hay dentro de nosotros; y  la Justicia de un Dios radical en su manera de incluir.

Nos condujo en un viaje –uno interno y otro al exterior- una invitación a ir a nuestro centro, sentir la vida de Dios que trabaja en nosotras,  entrar en el laberinto, “desde mi nacimiento hasta hoy”, en la evolución de nuestro propio nombre… y en esta línea de tiempo, marcar nuestros hitos,  reconocer el sendero de nuestras intenciones y de las influencias de fuera. Ver lo que pasa en el mundo, en Perú y ponerlo en el círculo, para re significar nuestra misión. 

Muy cuestionador compartir ¿qué nos atrae de SJE y SME? Cómo han influenciado para llegar hasta dónde estamos? Cuál es nuestra historia de BP? ¿cuál es nuestra espiritualidad de justicia en nuestro trabajo? La respuesta fue rápida, un compromiso a trabajar políticas fuertes, tomar una nueva dirección.

La dinámica nos llevó también a mirar el círculo de la Justicia en la Congregación BP_ONG. Reconocemos este movimiento y agradecemos a las hermanas que gastan su vida “en su compromiso con la reconciliación, promoviendo la justicia y la paz”.

También Clarita nos dio su tiempo a la Comisión de Justicia y espiritualidad en la misión, nos animó a tejer hilos de justicia y tomar postura frente a los escenarios prioritarios en la Posición de la Congregación. Acompañar a las personas que participaron en este Taller.

Gracias Clarita por esos Horizontes de novedad en la vivencia de la Justicia. Gracias también a Martha Iris.

Bendiciones en la continuación de su trabajo.  

 

Delia Rodríguez, rbp

Comisión Justicia y Espiritualidad en la Misión BP-Perú

ceremonia de Reconocimiento y colocación de nombres en el Memorial "El Ojo que Llora"

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ceremonia de Reconocimiento y colocación de nombres en el Memorial "El Ojo que Llora"
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Hermana Agustina Rivas “AGUCHITA” presente!

El día 9 de marzo,  se llevó a cabo en Lima-Perú, la Ceremonia de colocación de nombres de religiosas, religiosos y sacerdotes, asesinados por Sendero Luminoso durante el período de violencia política en el Perú (1980-2000).

Monseñor Luis Bambaren de la diócesis de Chimbote, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos del Perú (CRP), la Asociación Pro Derechos Humanos ( APRODEH) y la Asociación “Caminos de la Memoria”, convocaron a la “Ceremonia de reconocimiento y colocación de nombres” en el Memorial El Ojo que Llora, de sacerdotes, religiosos y religiosas asesinados por Sendero Luminoso durante el período de violencia política que padeció nuestra patria entre 1980 al 2000.

"Hacer memoria para que se reconozca, la labor de los misioneros que
dieron su vida con generosidad por la vida del pueblo peruano"

 

Recordamos a las hermanas María Agustina Rivas López (primera mártir peruana), Irene Mc Cormack (australiana), y a los sacerdotes Víctor Acuña Cárdenas, Teodoro Santos Mejía y Reynaldo Sáenz (peruanos), los tres religiosos extranjeros Zbigniew Strzalkowski, Miguel Tomaszek (polacos) y Alessandro Dordi (italiano) asesinados en 1991 y que pronto serán beatificados.

En una emotiva ceremonia, se leyeron breves reseñas de su vida, misión y oblación martirial: 

“En el 25 aniversario de martirio de nuestra hermana Aguchita, ante este memorial de nuestros mártires, la sangre de nuestra hermana María Agustina Rivas, se une a la ofrenda martirial de sus hermanos y hermanas, quienes nos dieron vida y vida en abundancia….
Tenemos en ella una santa mártir. Aguchita nos mostró el Evangelio durante su vida, a partir de su muerte nos sigue evangelizando con la fuerza radical de las bienaventuranzas.
Hoy, ante este Altar, junto a sus hermanas y hermanos mártires, le pedimos nos ayude a entender lo que significa ser artesanos de paz con justicia en nuestro Perú y a tomar conciencia del alcance de nuestra entrega "hasta la muerte".

Y así, fuimos escuchando una a una las reseñas de cada mártir, como un mensaje de vida que nos dejan estos sacerdotes, hermanos y hermanas. A pesar del riesgo que corrían y las amenazas,  decidieron quedarse al lado de las comunidades por las que trabajaban. La ceremonia busca reconocer estos ejemplos de vida, de compromiso y servicio hacia la población, un valor que queremos llegue sobre todo a las nuevas generaciones.


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